PARECE QUE FUE AYER… O QUIZÁ SERÁ MAÑANA…

PARECE QUE FUE AYER… O QUIZÁ SERÁ MAÑANA…

Burla burlando ya ha pasado un año… parece que fue ayer, y sin embargo ya le hemos dado una vuelta entera al sol… y con propina, además.

El cambio de ciclo no fue fácil, 43 años no se dejan atrás de un plumazo, es inevitable mirar atrás de vez en cuando. Tenía buenos amig@s… los tengo aún, que me ayudaron a dar el salto y a sonreír, a pesar de las circunstancias, había quien intentó que el salto fuera al vacío… no lo consiguió… muchos brazos me sostuvieron y me empujaron hacia adelante.

Hubo quien me ofreció su mano, se “aprovechó” de mí, en el mejor sentido de la palabra, colaboré con ellos y espero no haberles defraudado…

Un año, 366 días, un ciclo completo, las cuatro estaciones, los doce signos del Zodiaco, el verano… Cuenca, esa maravilla de interior, la maldita hernia, que parecía que nunca se iba a curar, una Aste Nagusia (Semana Grande) de mirón, ese otoño en Otxagabia e Irati, un sueño cumplido… las cuadrillas de Kanpezu y Añana en Araba… otra Navidad, más en familia que nunca.

Todo ello mirando de reojo, es inevitable a mi mundo anterior, que de alguna manera seguía siendo mi mundo
Bebiendo el tiempo a tragos, como si intuyera que el ciclo llegaba a su fin, un ciclo que acabó con fuegos artificiales, vaya que sí.

Viajamos a Roma, probablemente la única gran capital europea que tenía pendiente…, muy bella… muchos ya conocéis mis peripecias sobre todo para volver… Salí desde Bilbao hacia un mundo y en diez días, volví a otro… Menudo mundo… como si fuera el protagonista de “El Mundo en sus Manos”.

Y aquí estamos, “confitados” como dice una hija mía, y mirando al futuro con “repelús”, con desconfianza… con miedo? No, no, que somos de Bilbao. Y además este año el Athletic va a ganar la Copa, aunque la tengamos que jugar de balcón a balcón.

Pero es hora de mirar al futuro, ese futuro que quizá empiece el 10 de mayo… y como no, al futuro de un sector que no en vano se denomina “Servicios”, y del que depende, en gran medida la calidad de vida de los CIUDADANOS… esa palabra que en las últimas semanas hemos aprendido a escribir con mayúsculas…

Donde hay comercio hay vida, decía un lema comercial hace unos años… y estos días hemos visto que era casi una profecía. Vida en los establecimientos abiertos que nos proporcionan alimento, bebida, higiene y alguna otra comodidad, que nos ha hecho la vida más cómoda durante estas duras semanas.

Y la “no vida” de las calles vacías, de los bares cerrados, y de los escaparates apagados… y el silencio, ese silencio denso, a cualquier hora del día o de la noche. Un silencio que en el Casco Viejo de Bilbao, bullanguero y hasta ruidoso habitualmente, pesa, os prometo que pesa, y no solo a mí sino a otr@s amig@s, vecin@s del barrio que lo hemos comentado en nuestras redes o en nuestros fugaces encuentros en las colas de esos establecimientos que mantienen vivo el Casco, a duras penas.

Acabo de releer una columna que, hace poco más de un año, marzo 2019, escribió de forma magistral (y hasta un tanto premonitoria diría yo), en el Semanal de El País, la excelente escritora Rosa Montero… me ha dado un escalofrío…, con su permiso, la copio aquí debajo.

10 MARZO DE 2019
Demasiados cadáveres urbanos
Por Rosa Montero
Comprar online es cómodo, económico, eficiente… Pero si nos rendimos sin condiciones al comercio digital, fulminaremos las tiendas vecinales
QUÉ ELOCUENTES son las grandes ciudades. Están llenas de palabras, de información, de historias. Es la narrativa del asfalto, una lectura que suelo practicar porque camino mucho. Y resulta que en las últimas semanas he podido ver, andando por Madrid, tres mensajes muy tristes. El primero lo encontré en la calle de Claudio Coello y estaba en una pequeña tienda de ropa, The Hip Tee, que yo no conocía; vendía bonitas camisetas de alegres colores y era un local luminoso y coqueto, con un minúsculo corazón rosa de neón sobre la puerta. Cubriendo de arriba abajo el vidrio del escaparate, un texto en rojo: “LIQUIDACIÓN POR CIERRE. Después de diez años trabajando con mucha ilusión nos despedimos con todo el cariño. En esta época donde todo cambia tan rápido, os dejamos nuestras camisetas, que fueron hechas para que las disfrutéis mucho tiempo. Nos vamos y os damos las gracias porque sois las mejores clientas del mundo. Os echaremos de menos”. Cuánto mimo, cuánta lucha, cuánta ilusión tenaz se adivinan en el texto, en la inocencia del corazón de luz, en la voluntad de hacer las cosas bien y en esas palabras tan conmovedoras. Es el dolor de los sueños perdidos, el ruido a cristales rotos del fracaso.
El segundo me tocó aún más de cerca, porque se trataba de un local al que yo solía ir, una diminuta tetería de la calle de Ibiza llamada Bread and Breakfast. Tenía cuatro mesitas, un precioso suelo de antiguas baldosas hidráulicas, buenos pasteles. Un día quedé con alguien ahí y al llegar me lo encontré cerrado. Y de nuevo la narración punzante escrita en blanco sobre el cristal de la puerta: “Lugar de lecturas con aroma de café, punto de citas románticas y de escapadas… Hoy, después de cinco años, dice adiós para siempre…”. Cómo pesa ese “para siempre” sobre los hombros, cómo aprieta el corazón esa muerte pequeña de un negocio obviamente creado con amor, sostenido con sobrehumano esfuerzo, abandonado al fin porque ya no hay futuro ni esperanza. Lo que me lleva al tercer mensaje. Lo vi en una pequeña tienda de artículos para mascotas en la calle de Menéndez Pelayo. Se llamaba Lola y Matías, y en la fachada mostraba el dibujo de dos perros sonrientes y dos florecitas con la leyenda “Beautiful Day” (“Hermoso día”). Una tarde, para mi sorpresa, encontré el local abandonado. Y alguien había escrito con aerosol negro junto a los perros un demoledor dictamen: “Fake News”. Sí, desde luego, la alegría pueril del “Beautiful Day” no se correspondía con el escaparate cegado con papel de estraza. La felicidad, nos gruñía esa pintada, es una noticia falsa.
Supongo que los dueños, sin duda jóvenes, de estos tres comercios se sentirán así, como si hubiera atardecido para siempre. Quisiera mandarles ánimos y decirles que la vida es muy larga y que los humanos somos capaces de reinventarnos mil veces. Pero no escribo este artículo sólo para solidarizarme con ellos, sino para espantarme de lo que estamos haciendo. Esos cadáveres urbanos son nuestros muertos. El comercio online está acabando como un fuego con los pequeños negocios. No es casual que me haya topado con tres cierres en tan sólo unos días: en Madrid hay 14.000 locales vacíos. En 2018, en España desaparecieron casi 7.000 comercios; en 2017 fueron 10.000. Sí, yo también compro online, lo confieso. Es cómodo, económico, eficiente… Pero si nos rendimos sin condiciones al comercio digital, como ya hemos hecho, fulminaremos las tiendas vecinales y no sólo destruiremos miles de puestos de trabajo, sino también nuestra vida tal y como la conocemos. Las calles serán mucho más tristes e inseguras sin comercios; de hecho, ya lo son, porque los barrios de nuestras ciudades se están quedando apagados, solitarios, desabastecidos. Y cuando los gigantes online nos tengan en su mano, cuando hayan devorado a los pequeños y carezcan de competencia, entonces empezarán a cobrarnos los envíos y nos subirán los precios lo que quieran. Verán, no quiero acabar con Amazon en absoluto, pero no me parece lógico que en el último año haya multiplicado por 10 sus beneficios. Que ganen un poco menos y que sobreviva el comercio humano. Por todos los santos, desenchúfate del maldito ordenador y sal a comprar a la tienda de enfrente.
Fuente: El País

Pero como decimos cada mañana… un día más, un día menos… porque de esta vamos a salir… sin duda vamos a salir…

Mi pregunta es en realidad… ¿Cómo vamos a salir? Y no me preocupa si habrá futbol o no, si habrá fiestas o playa, o monte, o barbacoas, podemos pasar un año sin esas cosas, lo estamos demostrando cada día.

Pero qué futuro nos espera si no catapultamos hacia una sociedad más equilibrada y justa esta energía positiva que nos desborda por los alféizares de las ventanas y las barandillas de los balcones.

Porque como dice la Profesora y amiga, experta en Retail Pilar Zorrilla: Los momentos extraordinarios necesitan soluciones extraordinarias, porque todo es incierto, lo que creíamos tener no es tan sólido como pensábamos y se precisa una revolución humana, tal cual, donde demos lo MEJOR, y no sé si estamos todos preparados ¿lo estamos?

Van a cambiar tantas cosas… Se abre un nuevo ciclo, una nueva sociedad está tomando posiciones, más solidaria, pero también más empobrecida… y más experta en vivir de otra manera.
¿Qué papel va a jugar en esta nueva sociedad el sector Servicios, las tiendas, los bares, el turismo incluso… podrán competir en el futuro con los nuevos, esta vez sí, hábitos de consumo… o de no consumo?

Alejado de análisis simplistas… y del “canto de la pena” que tan poco me gusta, creo de verdad que el comercio, la hostelería y los servicios diversos, peluquerías, etc. que jalonan nuestras calles son los auténticos garantes de nuestra calidad de vida y de la sociedad del bienestar.

Bienestar, riqueza y empleo, todo eso atesora el sector servicios, ¿pero de quien depende su futuro? Es una pregunta compleja de responder… pero mi experiencia me dicta que fundamentalmente de ellos mismos, de los agentes del mismo sector… por supuesto que también de las instituciones. Pero deben de ser l@s empresari@s del sector y las organizaciones que los dicen representar, los que pongan en marcha fórmulas y dinámicas para volver a “enamorar” a los consumidores y a los clientes, sí a los dos, que para mí no son lo mismo.

Yo no voy a renunciar a ir a las tiendas físicas, me gusta, desde muy pequeño hacía “recados”, y mucho menos a ir a los bares con mi cuadrilla, aunque tengamos que hablar a gritos por el “distanciamiento social” … ni a visitar los campos de lavanda de Brihuega… ni a volver a Roma, ni…

Pero estos días pido el pan o el pescado por wsp, y me lo traen a casa… la frutería me prepara el pedido que le he pasado por wsp y lo recojo sin hacer cola. Mi quesera alavesa favorita, me envía el queso que quiero sin sobrecosto… hasta mayoristas habituales de suministro a hostelería se han abierto a la clientela particular.

Y el resto de comercios, que más temprano que tarde empezarán a abrir sus puertas… seguirán jugando por libre o se unirán para hacer fuertes las asociaciones, o crearán nuevas allí donde no haya, o las existentes no sirvan… Será verdad, por una vez que “la Unión hace la Fuerza”

Gestión, digitalización, marketing, inversión, creatividad, no son palabras grandilocuentes y “modernas”, son “herramientas” que bien utilizadas convencerán a los clientes y consumidores que sus negocios merecen la pena y que juntamente con los ciudadanos volverán a dar vida a las ciudades y pueblos, una vida mucho mejor, más solidaria y sostenible, y no por eso menos placentera que la que bajó persianas y se encerró en casa el 15 de marzo de 2020.

 

Bilbao, 19 de abril de 2020

Jon Aldeiturriaga Barrenetxea

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